martes, 8 de diciembre de 2015

CEMENTERIO DE LA LUNA (NOVELA)


ERNESTO CARRIÓN LANZA SU NOVELA "CEMENTERIO DE LA LUNA"

Este año 2015 Ernesto Carrión publicó la novela "Cementerio en la luna", que obtuvo la Mención de Honor en el Concurso de Novela Corta Miguel Donoso Pareja 2015.
Maritza cino fue la encargada de realizar el lanzamiento del libro, con una acertada crítica.

Ernesto Carrión, quien ha publicado varias obras y ha recibido numerosos galardones literarios, manifestó en el auditorio del Museo Presley Norton, que escribió esta obra -su primera novela- en tan solo dos días y medio; lo cual es un gran mérito.

La novela es una hipercrítica y autocrítica del oficio del escritor. Felicitamos a Ernesto.

Foto: El escritor Ernesto Carrión dirigiéndose al auditorio. (D. Calero S., 2015).
SOFÁ CULTURAL

El 21 de noviembre se realizó en Daule, provincia del Guayas, el programa "Sofá Cultural", el que se desarrolló al aire libre, en el parque Santa Clara. Participaron cantantes, grupo de danza folclórica, poesía, baile contemporáneo, tradición oral, etc.

Christian Wolf se destacó con su grupo de rock. Elizabeth Castro realizó una narración oral originaria del cantón Daule, Daniel Calero Solís leyó poemas de su autoría, los niños y niñas representaron a las provincias del Ecuador, a través de la danza folclórica. bajo la dirección del maestro Valdez.

Este evento importante fue organizado por la Corporación Procultura Daulis y el Municipio de Daule.

martes, 22 de septiembre de 2015

Palabra.lab cumple 5 años de éxitos


PALABRA.LAB DE ANIVERSARIO

Cinco años fecundos cumple Palabra.lab, entidad cultural dirigida por Adelaida Jaramillo. Nos congratulamos y le deseamos mucho éxitos.

Muchas actividades culturales se han desarrollado durante estos años, gracias al entusiasmo y profesionalismo
de Adelaida. Esto es un mérito para Ecuador, ya que se difunden las actividades culturales y los productos de los escritores, artistas e intelectuales.

Palabra.lab tiene su sede en la urbanización Nueva Kennedy, calle E 119 y calle Quinta (Guayaquil).

Foto: Diario El Comercio (Ecuador).

miércoles, 16 de septiembre de 2015

ISABEL CALERO RECIBE PREMIO EN MÉXICO


ISABEL CALERO SOLÍS: ENTRE LAS CIRUGÍA Y LA MÚSICA

La doctora Isabel Calero Solís se gradó en el Conservatorio Nacional de Música "Antonio Neumane", de Guayaquil. Ha participado en conciertos, festivales de música clásica y programas culturales. Participó en algunas ediciones del Festival de Música organizado por el Centro Cultural Ecuatoriano Alemán. Grabó un disco con el Coro de galenos del Colegio de Médicos del Guayas, del cual fue la directora.
. Preside la Sociedad Sudamericana de Cultura "Agustín Calero Haro".

También se desempeña como médico, especializada en Cirugía Pediátrica y Cirugía Cardiovascular (es la primera mujer que en el Ecuador obtuvo esta especialidad). Hoy queremos resaltar lo científico en la Dra. Isabel Calero, quien obtuvo la máxima distinción institucional en la especialidad de: Cirugía Pedriática y Cirugía Cardiovascular en México D.F. el 29 de agosto del 2015. Recibió la presea IOCIM y fue declarada Miembro Activo Élite. Allá disertó en un Congreso Médico con el tema: "Resumen de la patología congénita cardiaca Tetralogía de Fallot. Estudio de 15 casos quirúrgicos durante 2013-2014".

Este importante programa fue realizado por la Organización Internacional para la Capacitación e Investigación Médica. La Dra. Calero fue seleccionada entre países de América Latina, el Caribe y España. Cabe resaltar su colaboración desde hace varios años en el Hospital "Alejandro Mann" (ahora también denominado "Roberto Gilbert Elizalde"), de la Junta de Beneficencia de Guayaquil. Y por su constante colaboración ad honorem en operaciones quirúrgicas realizadas en dicho hospital con reconocidas delegaciones de galenos de EE.UU. y Chile, en beneficio de niños y niñas de escasos recursos económicos.


Fotos: Cortesía IOCIM, 2015.

domingo, 13 de septiembre de 2015

LA POESÍA AMATORIA DE CECILIA CORELLA


Cecilia Corella Ramírez: Artesana de las Letras


SOSIÉGAME
En la soledad de mis pensamientos estás tú.
Saboreo cada segundo de tus besos,
Tus caricias y abrazos se materializan en mi pensamiento.
Mi piel se derrite cuando deslizas tus manos suavemente.
¡Tómame, hazme tuya! ... ¡Quiero ser solo de ti!
Quiero sentir el calorcito ardiente de tu corazón.
¡Ay, amor de mis amores! De mis grandes amores
¿Por qué? ¿Por qué? Solo estás en mis recuerdos
Quizás como el más triste y solitario clavel
Cuyo perfume, embriaga mi ser.
Beber de tu manantial es saciar mi alma
Calmar mi sed y envenenarme a la vez.
Eres como el jardín de cuyas hermosas flores
Solo mirar de lejos podrá ser.
Sosiégame, amado de mi alma,
endúlzate con el néctar de mis besos.
Embriágate con mi amor sincero
Y pronuncia mi nombre,
Despacio y suavemente
Para que vuelva a latir mi corazón……..

Cecilia CORELLA
Artesana de las letras

10 – 08 - 2012



LOS MARES DE LA VIDA


Voy cruzando los mares de la vida
van cayendo las ilusiones
y muriendo las esperanzas
las alegrías adormecidas
en los eternos brazos de Morfeo.

Los deseos febriles de mi juventud
desfallecen en la montaña
nostálgica de tu ausencia.

“Sé como el ave Fénix”, "me decían"
y como aquel ave viví toda una vida.
!Ha muerto ya!
Y tú moras en mí. Sí..., ¡en mi alma!
Y no sé qué hacer contigo
si dejarte vivir
y perder mi cómoda tristeza
o morir lentamente y dejarte vivir en mí.

Me dices que eres paz, que das alegría
eres mi consuelo y mi fiel compañero de cada día
que me ofreces todo lo que ninguno podría.
Sí, sí, sí mi amor. Te digo: ¡Sí!,
porque sin ti no podría vivir.
¡Sin Ti...!

Cecilia CORELLA
Artesana de las letras

21 de junio del 2015


SUEÑOS DE PERRO AZUL
En tiempos de jovialidad soñé,
soñé, soñé y en ese estado me quedé.
Pero la vida, la que está fuera de mí
me enseñó que debo romper barreras
para transformarlas en una constante búsqueda
de la vida, esperando que la tristeza y la alegría
se conjuguen en el bienestar de cada día.
La vida, la de afuera me enseñó a pelear
cada instante de mi vida, como un gigante dormido.
Y en mi juventud solía desear jamás haber nacido.
Hoy, en el inicio de mi crepúsculo,
¡quiero vivir, sin haber nacido!
Porque la muerte solo nos enseña
a morir en nuestros sueños y anhelos,
ilusiones perdidas, amores sin consuelos.

Y que la muerte, mi muerte, tu muerte,
empieza cuando dejas de amar
de pelear por la vida y para la vida.

Cuando ya no luche por mis sueños y esperanzas,
¡Oh, Muerte, ven a mí!
Cuando deje de amar,
luchar, sonreír y soñar
¡Oh, Muerte, ven a mí!

Cecilia CORELLA
Artesana de las letras






Fotografías:
1. Poeta Cecilia Corella Ramírez (Foto: Daniel Calero, 2015).
2. Poeta Cecilia Corella Ramírez declamando sus versos (Foto: Lizzie Castro Corella, 2015).
LUZ GABRIELA RODRÍGUEZ

Cuando la realidad aporta mucho a la literatura, se obtienen resultados muy positivos. Esto acontece con la escritora Luz Gabriela Rodríguez Muñoz (Guayaquil - Ecuador) con su obra autobiográfica "Y ahora cuando muera, ¿quién estará a mi lado?"

¿Acaso no es esa la interrogante constante en los seres humanos? ¿Acaso no nos cuestionamos el porqué de la existencia? Y esto lo logra con dinamia, elocuencia y gracia, Luz Gabriela. Escritora que ha creado en distintos géneros, lo cual demuestra en sus diez libros publicados.

Es interesante cuando la autora comenta su inicio en la producción literaria, cuando su primer libro (poesía) surgió:

Un hilo de nostalgia se hace presente al recordar una de esas épocas en las que hice mi
primer libro , como ejemplar único. Creo que fue en el aniversario de bodas número tres,
tomé mis poemas de amor, los empasté en cuerina azul oscuro y se los entregué a LP.

(Rodríguez, 2015, p. 404).

En la presente novela autobiográfica demuestra el proceso de sensatez y madurez a la que ha llegado; lo cual muestra a los lectores, para que capten estas semillas de amor y mejoren su estilo de vida.

...haciendo gala de lo que Abraham Lincoln decía: ¿Acaso no destruimos a nuestros
enemigos cuando los hacemos amigos nuestros?
Eduardo Rivadeneira Pazmiño pre-
senta como una de las mejores cualidades de vida, la de extender la mano a los que
han tratado de ser sus enemigos, de no guardar rencor a nadie en absoluto, así hayan
pretendido dañar su imagen.


(Rodríguez, 2015, pp. 379-380)

Hacemos votos para que pronto Luz Gabriela nos ofrezca una nueva obra. La sociedad necesita leer sus pensamientos, captar sus análisis y admirar lo bello que tiene la vida.

Fotos: Cortesía de la escritora Luz Gabriela Rodríguez.

POESÍA, MÚSICA Y DANZA

XXX RECITAL DE LAS GENERACIONES

La Fundación Pro Senex realizó el XXXI RECITAL DE LAS GENERACIONES el miércoles 9 de septiembre en el auditorio del Centro Ecuatoriano Norteamericano de Guayaquil.

Participaron:
1. El Trío generacional conformado por el profesor Carlos Barzallo, su hijo Luis y su hermano Aníbal.

2. El grupo folclórico "Recordar danzando", de la Fundación Pro Senex, dirigido por el licenciado Jacobo Olaya.

3. Intervención de la poeta María Cecilia Corella Ramírez; quien leyó los poemas: "Sosiégame", "Los mares de la vida" y "Sueños de perro azul".

4. El Grupo Coral Experimental "Re Mayor", de Fundación Pro Senex y Voluntariado de Ancianos (VO.DE.AN.) , bajo la dirección del profesor Carlos Barzallo.

5. La participación del grupo de niñas de la Academia de Danza "The magic of dance", dirigido por el licenciado Jacobo Olaya.

6. Poemas escogidos, en la interpretación de la poeta Angelita Saltos. Los poemas de su autoría fueron: "A la mar de mi Bahía", "Danos una señal, hermano" y "¡Qué tan de prisa!".

7. El Coro Infantil de la Unidad de Educación Básica "Presidente Alfaro", dirigido por el profesor Pedro Llontop.

8. Debut del dúo generacional integrado por la licenciada Gloria Viteri y su hija Betsabeth Mora Viteri.

Al final, el doctor Aldo Guevara D´Aniello, director ejecutivo de la fundación Pro Senex, dio un discurso en el cual resaltó las virtudes de los artistas.

Fotos: 1: Coro Infantil de la Unidad de Educación Básica "Presidente Alfaro"; 2:Trío Generacional conformado por: el Prof. Carlos Barzallo, su hijo Luis y su hermano Aníbal; 3: La poeta Cecilia Corella; 4: La poeta Angelita Saltos; y, 5: el Grupo "Recordar Danzando", de la Fundación Pro Senex. (Daniel Calero Solís, 2015).

martes, 1 de septiembre de 2015

DOS ARTISTAS PARTIERON


Dos artistas partieron hace pocos días a aquel lugar de misterioso al que todos debemos ir. Un escritor y una pianista.

El poeta Ignacio Carvallo Castillo. Doctor en Literatura. Fue doente en el Colegio Fiscal "Aguirre Abad". Coordinó actividades culturales con los clubes UNESCO. Realizó periodismo cultural en el diario "El Universo" (Guayaquil - Ecuador). Hermano del honorable médico Francisco Carvallo Castillo.


La pianista Elina Manzano Vela, madre de nuestra amiga Elina Félix Manzano (pianista) y hermana de Sonia (escritora y pianista), Jorge (ingeniero civil), Ibsen (médico y pianista) y Norka (arquitecta). Se destacó como profesora de piano. Fue rectora del Conservatorio Nacional de Música "Antonio Neumane" y del Conservatorio Particular "Federico Chopin". Integró un dúo musical con el violinista Jorge Saade.

Nos solidarizamos con sus familiares.

Fotos: Diario "El Universo" (Guayaquil - Ecuador).
RECITAL POÉTICO-MUSICAL

Mañana miércoles 2 de septiembre, a las 20h00, se realizará un recital poético-musical en el Café-galería BARRICAÑA.

El programa POETICANTO presentará al escritor Daniel Calero Solís, quien leerá parte de su libro "Teorema del Acaso" y otros poemas de su autoría correspondientes a distintas épocas.
En la parte musical intervendrá Pablo Gálvez e interpretará canciones latinoamericanas.

Poeticanto es dirigido por Héctor Alvarado.




Fotografía: Cortesía de Diva Nicotina (Guayaquil).

lunes, 24 de agosto de 2015


UN FELINO MIRA LA DAGA

Algo grisáceo está ocurriendo
en el tercer planeta.

Ojos de felino hablan
un lenguaje cifrado en ocasos.

Días se despedazan
y no nos damos cuenta.
Se prefiere jugar al hambre
y a la guerra.

Celaje atravesado por daga
llora la indiferencia
de submundos.

Mas, la gente no se sobrecoge
ante relojes destrozados
en este milenio,
pero se sabe...
¡Un felino mira la daga!

¿Final del sainete?
¡Ah, desmemoriada raza humana!

Daniel Calero Solís
(2015)

Fuente: Unión Hispanomundial de Escritores,
http://unionhispanomundialdeescritores.ning.com/group/antologia-de-la-imagen/forum/topics/un-felino-mira-la-daga?xg_source=activity

SOPRANO ROXANA NÚQUEZ

La soprano Roxana Núquez (Roxana Piskures) es una soprano ecuatoriana-norteamericana, que desde los 9 años de edad incursionó en el canto. Se graduó en el Conservatorio de Música "Federico Chopin", de Guayaquil. Ha participado en muchos recitales, tanto con obras clásicas como populares.

Es miembro de: Concerto Chorale y Ecclesiastical Choral en Joliet IL, USA, donde reside desde el 2011.


Actualmente, Roxana ha grabado el CD "Desde los ayeres", con temas correspondientes a diferentes épocas de su trayectoria musical. El disco contiene los siguientes temas:

1. "En Aranjuez con tu amor" (Joaquín Rodrigo)
2. "Plegaria por el niño"* (Dr. Héctor Cisneros Arias)
3. "Pequeña flor" (Bonifay & Bua-Bechet)
4. "Corazón Coraza" (Benedetti- Corona)
5. "Desafinado" (Jobim - Mendonҁa)
6. "Flor de azalea" (Gómez - Esperón)
7. "José Antonio" (Chabuca Granda)
8. "Invernal" (José María Egas - Nicasio Safadi)
9. "Ángel de luz" (Benigna Dávalos)


*Obtuvo el XII lugar en el Festival OTI de la Canción, Capítulo Ecuador-1999).



"Roxana Núquez es la voz lírica que proyecta ternura, nostalgia y profundo sentimiento de amor y humanismo. Soprano que con versatilidad se sumerge en la tesitura musical, para obtener registros de óptima calidad; gracias al color y extensión de su armoniosa voz". Daniel Calero Solís (2015)

Roxana Piskures



sábado, 18 de julio de 2015

POESÍA DE ANDRÉS LANDÁZURI

EL FINAL DE LOS DÍAS

Andrés Landázuri

BUSCO el olvido en el silencio de mí.

Busco no verte más.

Ansío un aparejo que me rescate en el declive,
un colchón al cual caer.

Hoy te escuché: infantil arrebato,
labio sobre labio del recuerdo,
un hueco en este hueco de la tarde.

Hay días tan tristes como diluvio de una sola gota.

Sigues siendo tú, ahora, quien merece mi estertor.

¡Quiero ser capaz de perdonarme!
¡Quiero ser!
¡Quiero ser!



*** *** ***

A VECES
duele la nostalgia como vidrios rotos,
anhelo de los fulgores de la cumbre,
soplo espeso de la noche en sus hilachas de hielo.

¿En qué nos hemos convertido,
tú y yo,
sonámbulos vestigios de un amanecer imposible?

Todo lo que conozco se derrumba hacia la tumba.

Todo lo que distingo se adormece en la polvareda de las ruinas.

Pero persisto en mi obstinación de instinto torvo,
hablándole sin tregua a la sombra de mis atardeceres,
creyendo que ella (en ti)
se refugia el anuncio luminoso de los despertares,
sangre prevenida de cada vez que fijo mi mirada en las estrellas.

Nunca habremos de tenerlo todo,
gozosos como estamos en el interior del polvo,
silentes espejismos de saliva en las membranas del tiempo
del tiempo
del tiempo.

Andrés Landázuri. El final de los días. Buenos Aires: La Caída, 2014.

Imagen: Obra de Holland.Capturada en internet.

lunes, 13 de julio de 2015

FERIA INTERNACIONAL DEL LIBRO 2015
EXPOLIBRO 2015

Guayaquil, 13 de julio del 2015.

Con éxito se realizó la EXPOFERIA 2015, organizada por Jaime Rull, español radicado en Ecuador. Hubo la participación de escritores ecuatorianos y extranjeros. También presentaciones de libros, de danza folclórica y talleres de pintura para niños y niñas. Se inició el 3 de julio y culminó el 12 de este mes.
Entre los escirtores que participaron constan: Sonia Manzano, Piedad Romo Leroux, Ángel Emilio Hidalgo, Rosalía Arteaga (expresidenta del Ecuador), Daniel Calero Solís, Jorge Eduardo Peñaherrera, Mariana Roldós, los hermanos Gutiérez Mora; Luz-Gabriela Rodríguez, Peter Chávez, Salomón Rugel, entre otros.

También estuvo presente el artista plástico Hernán Zúñiga. Participaron importantes editoriales: Científica, FLACSO, FIDAL, JG, San Pablo, etc.

Daniel Calero presentó los libros: "Ocaso de El Canelo", de autoría de Néstor Gutiérrez Mora, Rosa Gutiérrez Mora, y Galo Gutiérrez Mora; "La pasión del íncubo", de Jorge Eduardo Peñaherrera; y, "Sin papeles", de Rosa Gutiérrez Mora.

Se presentaron también las siguientes obras "Teorema del Acaso", de Daniel Calero, "La princesa Martina y el chip de los idiomas", de Rosalía Arteaga, "Y ahora cuando muera, ¿quién estará a milado?", de Luz-Gabriela Rodríguez Muñoz, etc. La Feria se realizó en el parque "Samanes", de Guayaquil.

miércoles, 8 de julio de 2015

LANZAMIENTO DEL LIBRO TEOREMA DEL ACASO




CENTRO CULTURAL ECUATORIANO
MEDARDO ÁNGEL SILVA
Y
PROYECTO ECUADOR LITERARIO


BOLETÍN DE PRENSA
Guayaquil, julio 18 del 2015.

LANZAMIENTO DEL LIBRO “TEOREMA DEL ACASO”

El Centro Cultural Ecuatoriano “Medardo Ángel Silva” y la Casa de la Cultura Ecuatoriana “Benjamín Carrión”, Núcleo del Guayas, realizaron el lanzamiento del libro “Teorema del Acaso”, de autoría de Daniel Calero Solís.

La obra (género: poesía), con sello editorial de elConjuro e ilustraciones del artista plástico José Carbo; está dividida en tres partes: La caída de la testa de goliat, Canto de la honda certeza: Vientos fieros y Elevación a lo insondable.
En el prólogo, Ana Cecilia Blum manifiesta que: “hay un hablante que se ha vestido con el hábito de la incertidumbre para dar cuenta de que no hay saber absoluto”. El lanzamiento de la obra estuvo a cargo de María Auxliadora Balladares y Andrés Landázuri. La pianista doctora Isabel Calero Solís interpretó tangos y pasillos.

El programa se realizó el miércoles 17 de junio, a las 19h00, en el auditorio “Grupo de Guayaquil”, de la Casa de la Cultura, Núcleo del Guayas. Estuvieron presentes los escritores: Dra. Sonia Manzano, Antonio Santos, Rodolfo Salazar, Lic. Daniel Ames; y el artista plástico José Carbo. También asistieron: la Dra. Normita Herera, los licenciados Walter Pesántez, Miguel Eduardo Calero y Sonia Chiriboga, el doctor Aldo Guevara D´Aniello, Cecilia Calero Solís, José Calero Noziglia, la Dra. Martha Calero Alvarado y el Arq. Guillermo Jaime. También estuvieron presentes la esposa y los hijos del autor: Mónica de Calero, David Leonardo Calero Pin y Darío Gabriel Calero Pin.



DISCURSO
LANZAMIENTO LIBRO "TEOREMA DEL ACASO"

De acuerdo. No puedo decir que he venido, que he visto lo suficiente de la existencia, y menos que he vencido; digo esto, parodiando, a mi manera, el pensamiento célebre de Julio César. Mi punto de vista puede ser negativo, lo que, a fin de cuentas, tiende a ser positivo; pues no hay verdad única. Claro que esta afirmación le molesta a los fanáticos religiosos y politicos. A ellos en nuestro país los denominamos: "curuchupas". Y qué decir de aquellos "chupamedias". Respecto a lo que decía, considero (o creo considerar) que sí creo que soy un transeúnte, que existo en este tercer planeta, que tengo cierta conciencia y que estoy en este auditorio de Guayaquil.
Decía Pitágoras que: "Para todo triángulo rectángulo la suma de los cuadrados de los catetos es igual al cuadrado de la hipotenusa". En la geometría y en las matematicas hay grandes posiblidades de reconocer el espacio y la complejidad de la infinitud numérica. ¿Se han dado cuenta que los números son infinitos y sin embargo, no podríamos considerarlos dioses?
Detesté el lenguaje matemático en mi vida escolar y colegial. Lo sufrí un poco con Estadística en la universidad; pero esta no era tan complicada. Aprobé esa asignatura con la más alta nota. ¡Imagínense! A mí me interesaban la Literatura y la Filosofía. Y aprendí mucho de "los sanchos profesores de sentido común", al decir de Medardo Ángel Silva. Así es que tengo mucho que agradecerle a Cecilia Ansaldo, Juan Ignacio Vara, Cecilia Vera de Gálvez, Fernando Balseca, Catalina Arosemena, Joaquín Hernández. Y en cuanto al estudio del cine, cómo no recordar a Gerard Raad.

En la vida se va ganando experiencia y uno se va haciendo duro ante los golpes de la vida, como dijo Vallejo, no Raúl sino César: "Hay golpes en la vida tan fuertes..." Y esos golpes y persecuciones nos fortalecen. Nuestros hijos crecen. Nuestros hermanos y yo vamos envejeciendo. Y al decir hermanos, no hablo solo de los hermanos Calero Solís y Calero Noziglia (ya 2 hermanas partieron para siempre); sino que hablo de todos los amigos y amigas de nuestra generación.

Hace un año estoy DESEMPLEADO y no gozo de los servicios del seguro social. Pero sigo enfrentándome a la vida o a lo que me resta de ella. Puedo hacer chistes, puedo escribir cuentos y poesía. Y no quiero insinuar que esos escritos impliquen que hayan suficientes valores literarios; pero así intento asirme a la realidad, siempre tan esquiva. ¿Acaso Platón no creó su corriente filosófica, quizá provocada por una manera distinta de percibir la realidad? ¿Habrá sufrido del síndrome de Asperger? ¡Habrá tenido crisis de ausencia? , me he preguntado varias veces.
¿Qué es real? ¿Qué es lo cierto? Ante estas interrogantes empecé a mirar el firmamento desde que tuve uso de razón. Años después indagaba en los libros acerca de las constelaciones. Hce unos pocos años., empecé a investigar la Geometría. Bastante difícil, por cierto. ¡Cómo sufrí en tercer año de colegio con el estudio de Trigonometría!

Decía Descartes que: "No hay nada repartido de modo más equitativo que la razón: todo el mundo está convencido de tener suficiente". Entonces, hay que dudar, pensar y repensar, analizar y aplicar deducciones e inducciones. Y al final, descubrimos que somos más ignorantes de lo que éramos; que más fácil es gritar: gol, viendo un partido de fútbol. O que más fácil es decir que algo es verdad porque así está escrito en un libro, llámese Biblia, Corán, Talmud, Libro de los Muertos, etc. Y dicen ciertos fanáticos, es que así está escrito.

Pero no vine a hablar de temas religiosos ni políticos. Por lo tanto, agradezco a este maravilloso público presente. Veo rostros de familiares, amistades, excolegas, excompañeros, excompañeras, exalumnos y exalumnas. Tengo el apoyo de Mónica, mi querida esposa, y de mis entrañables hijos David Leonardo y Darío Gabriel. Tengo hermanos y hermanas que me demuestran constantente su afecto. Veo la alegria de mis sobrinos, sobrinas y sobrino-nietos.

La Casa de la Cultura; Núcleo del Guayas, fue de gran apertura a mi trabajo. La presidenta, Rosa Amelia Alvarado Roca y Antonio Santos, director de Eventos me han apoyado incondicionalmente.

Lamento la ausencia de Ana Cecilia Blum, quien escribió el prólogo y reside en Estados Unidos; y la ausencia de Teresa Gutiérrez, quien vive en Francia y fue la primera lectora de este Teorema. Gracias, a la distancia, amigas.

Agradezco a María Auxiliadora Balladares y Andrés Landázuri, quienes analizaron el libro. A quienes me apoyaron generosamente. A mis hermanas Isabel y Cecilia. A la familia Celi Mendoza, a Don Hugo Sigüenza y doña Isabel, mis suegros; a Gilda Sánchez, a Eliana Calderón. Y por supuesto, a Mónica y a mis hijos David Leonardo y Darío Gabriel. Mil gracias a todos.


FRAGMENTOS DE “TEOREMA DEL ACASO”, DE AUTORÍA DE DANIEL CALERO SOLÍS


7
...¿Quién llama?
La conciencia
esparce mi ego en archipiélagos ignotos.
La contradicción fluye eternamente
por espacios del entendimiento.

El nigromante mueve en sus palmas
siete guijarros
los mismos gestores de discursos griegos
ante el mar
se expanden siete notas
y la hoz
de su lengua tatuada de misterios
revela
la rebeldía del tercer mundo
bailoteando
entre restos del mañana
desde un pasado
pendiendo
de la presente corbata azul
que ahorca la tarde...

(De TEOREMA DEL ACASO, primera parte: “La caída de la testa de goliat”)

*** *** ***

2
Vientos fieros estremecen
mi cráneo resquebrajado
destrozan uñas y falanges
rótulas y fémures
alborotan
la melena de los ceibos
-leones en invierno,
jirafas en verano-
alborotan mantas de los mares
velos del desierto.

El astro mayor calcina
con tentáculos de fuego
pensamientos trizados
junto a la persiana vieja
de madera perpleja
las sonrisas están sin rosas
y la vida ya no merece llamarse diva.

Sobre el diván derramo
estertóreos vuelos.
No atino
no ato
sí garabatos.

En el diván devano mis sesos
la lógica se escurre
estrellones de ferrocariles
se escapan desde los rieles del cerebro.

(De TEOREMA DEL ACASO, segunda parte. “Canto de la honda certeza: Vientos fieros”)


*** *** ***

1
... en el cenit
un piano blanco
pianísimo
la lira vibra y escala
sonidos distintos
danzantes con el viento

2
estoy sentado
en el escritorio de siempre
mas no es el mismo
es triángulo y rectángulo:
suma de espacios etéreos



4
universo:
misterio
quizá en ti
no exista el tiempo
solo espacio
energía
movimiento
o en ti acaso
la eternidad se fragmente en lo arcano


5
con la poesía
uno versifica redes
echadas al mar donde se oculta
la piedra
continente de la verdad

(De: TEOREMA DEL ACASO, tercera parte:“Elevación a lo insondable”)

FOTOS:
1. Portada del libro "Teorema del Acaso".
2. Discurso de Daniel Calero Solís, el autor.
3. La catedrática María Auxiliadora Balladares, durante el lanzamiento de la obra.
4. Crítica literaria (Ana Cecilia Blum).
5. Daniel Calero Solís.
6. La pianista, Dra. Isabel Calero solís, interpretando tangos y pasillos.
7. José Calero Noziglia, el autor (Daniel Calero), Martha y Miguel Eduardo Calero Alvarado.

miércoles, 17 de junio de 2015

LANZAMIENTO DE "TEOREMA DEL ACASO"


Guayaquil, 17 de junio del 2015.


LANZAMIENTO DE "TEOREMA DEL ACASO"

Hoy miércoles, a las 19h00, en el auditorio "Grupo de Guayaquil" de la Casa de la Cultura Ecuatoriana "Benjamín Carrión", Núcleo del Guayas; el Centro Cultural Ecuatoriano "Medardo Ángel Silva" realiza el lanzamiento del libro TEOREMA DEL ACASO", de autoría de Daniel Calero Solís.

La obra (género: poesía), con sello editorial de elConjuro e ilustraciones del artista plástico José Carbo; está dividida en tres partes: La caída de la testa de goliat, Canto de la honda certeza: Vientos fieros y Elevación a lo insondable.

En el prólogo, Ana Cecilia Blum manifiesta que: “hay un hablante que se ha vestido con el hábito de la incertidumbre para dar cuenta de que no hay saber absoluto”. El lanzamiento de la obra estará a cargo de María Auxliadora Balladares y Andrés Landázuri. Habrá la intervención musical de la pianista Dra. Isabel Calero Solís.



FRAGMENTOS DE “TEOREMA DEL ACASO”,
DE AUTORÍA DE DANIEL CALERO SOLÍS

7
...¿Quién llama?
La conciencia
esparce mi ego en archipiélagos ignotos.
La contradicción fluye eternamente
por espacios del entendimiento.

El nigromante mueve en sus palmas
siete guijarros
los mismos gestores de discursos griegos
ante el mar
se expanden siete notas
y la hoz
de su lengua tatuada de misterios
revela
la rebeldía del tercer mundo
bailoteando
entre restos del mañana
desde un pasado
pendiendo
de la presente corbata azul
que ahorca la tarde...

(De TEOREMA DEL ACASO, primera parte: “La caída de la testa de goliat”)

*** *** ***
2
Vientos fieros estremecen
mi cráneo resquebrajado
destrozan uñas y falanges
rótulas y fémures
alborotan
la melena de los ceibos
-leones en invierno,
jirafas en verano-
alborotan mantas de los mares
velos del desierto.

El astro mayor calcina
con tentáculos de fuego
pensamientos trizados
junto a la persiana vieja
de madera perpleja
las sonrisas están sin rosas
y la vida ya no merece llamarse diva.

Sobre el diván derramo
estertóreos vuelos.
No atino
no ato
sí garabatos.

En el diván devano mis sesos
la lógica se escurre
estrellones de ferrocariles
se escapan desde los rieles del cerebro.

(De TEOREMA DEL ACASO, segunda parte. “Canto de la honda certeza: Vientos fieros”)


*** *** ***
1
... en el cenit
un piano blanco
pianísimo
la lira vibra y escala
sonidos distintos
danzantes con el viento

2
estoy sentado
en el escritorio de siempre
mas no es el mismo
es triángulo y rectángulo:
suma de espacios etéreos



4
universo:
misterio
quizá en ti
no exista el tiempo
solo espacio
energía
movimiento
o en ti acaso
la eternidad se fragmente en lo arcano

5
con la poesía
uno versifica redes
echadas al mar donde se oculta
la piedra
continente de la verdad

(De: TEOREMA DEL ACASO, tercera parte:“Elevación a lo insondable”)


Fotos: Marco Crespo. Portada y contraportada del libro "Teorema del Acaso". Incluye foto del autor: Daniel Calero Solís.

miércoles, 18 de marzo de 2015

La escritura de Fernando Astudillo



12 vida muerta
Se siente temblor en la superficie
Las ondas son expansivas
Y mis piernas son temblorosas
Pero tomo el valor para hablarte
Y el solo decirte hola
Me revive de la vida muerta
De la cual paso el tiempo
Que tú haces que tenga sentido
Y escucho la melodía de una canción
Qué Tú haces que tenga armonía.
Yo sé que es algo utópico el hecho de tenerte,
pero eso no importa
El poder verte pasar
Y escuchar tu hermosa voz
Da color a mi satírica vida
Que sin ti solo seria
Un montón de garabatos
Fríos y sin sentimientos
Que estarían ahí y tendrían un futuro predicho.
Es por eso que te quiero y porque tú eres
Esa persona que hace que mis días ya no estén
Ordenados.
Fernando Astudillo
(Joven poeta ecuatoriano)

Foto: http://susurrodelsilencioluzdelanoche.blogspot.com/

ADIÓS, MIGUEL DONOSO PAREJA


Afligidos estamos quienes conocimos la trayectoria de Miguel Donoso Pareja, dialogamos con él o integramos algún taller literario. Escritor que tantas glorias le dio al Ecuador. Su obra traspasó las fronteras y fue traducida a varios idiomas.

Su existencia dejó una huella muy significativa en la Literatura y en el quehacer cultural.

Nunca más el mar se sentirá solo; pues las novelas, cuentos y ensayos de Donoso seguirán vigentes por siempre. Ya lo dijo él: "Todo lo que inventamos es cierto".

El 16 de marzo del 2015, falleció Miguel Donoso Pareja, a la edad de 82 años. Escribió muchas obras, en los géneros de: poesía, cuento, novela, ensayo, crítica literaria y periodismo. Mencionemos, entre otras: "Henry Black" (1969, novela), "Nunca más el mar" (1981, novela), "Krelko" (1962, cuento), "Lo mismo que el olvido" (1986, poesía), "Sin ánimo de ofender" (1989, ensayo), "Todo lo que inventamos es cierto" (1990, cuento), "Última canción del exiliado" (1994, poesía), "Hoy empiezo a acordarme" (1994, novela), "Antología personal" (1996, cuento), "Ecuador: identidad o esquizofrenia" (1998, ensayo).


Adiós, MIguel.



Foto: http://www.bing.com/images/search?q=fotos+de+Miguel+Donoso+Pareja&qpvt=fotos+de+Miguel+Donoso+Pareja&FORM=IQFRML#view=detail&id=602D3D50A0FD201D6886E92FABC5FDE3B5663BD4&selectedIndex=
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sábado, 14 de marzo de 2015

"Solo vine a hablar por teléfono" Gabriel García Márquez


v>SOLO VINE A HABLAR POR TELÉFONO
Gabriel García Márquez

Una tarde de lluvias primaverales, cuando viajaba sola hacia Barcelona conduciendo un coche alquilado, María de la Luz Cervantes sufrió una avería en el desierto de los Monegros. Era una mexicana de veintisiete años, bonita y seria, que años antes había tenido un cierto nombre como artista de variedades. Estaba casada con un prestidigitador de salón, con quien iba a reunirse aquel día después de visitar a unos parientes en Zaragoza. Al cabo de una hora de señas desesperadas a los automóviles y camiones de carga que pasaban raudos en la tormenta, el conductor de un autobús destartalado se compadeció de ella. Le advirtió, eso sí, que no iba muy lejos.
-No importa -dijo María-. Lo único que necesito es un teléfono.
Era cierto, y sólo lo necesitaba para prevenir a su marido de que no llegaría antes de las siete de la noche. Parecía un pajarito ensopado, con un abrigo de estudiante y los zapatos de playa en abril, y estaba tan aturdida por el percance que olvidó llevarse las llaves del automóvil. Una mujer que viajaba junto al conductor, de aspecto militar pero de maneras dulces, le dio una toalla y una manta, y le hizo un sitio a su lado. Después de secarse a medias, María se sentó, se envolvió en la manta, y trató de encender un cigarrillo, pero los fósforos estaban mojados. La vecina del asiento le dio fuego y le pidió un cigarrillo de los pocos que le quedaban secos. Mientras fumaban, María cedió a las ansias de desahogarse, y su voz resonó más que la lluvia o el traqueteo del autobús. La mujer la interrumpió con el índice en los labios.
-Están dormidas -murmuró.
María miró por encima del hombro, y vio que el autobús estaba ocupado por mujeres de edades inciertas y condiciones distintas, que dormían arropadas con mantas iguales a la suya. Contagiada por su placidez, María se enroscó en el asiento y se abandonó al rumor de la lluvia. Cuando se despertó era de noche y el aguacero se había disuelto en un sereno helado. No tenía la menor idea de cuánto tiempo había dormido ni en qué lugar del mundo se encontraban. Su vecina de asiento tenía una actitud de alerta.
-¿Dónde estamos? -le preguntó María.
-Hemos llegado -contestó la mujer.
El autobús estaba entrando en el patio empedrado de un edificio enorme y sombrío que parecía un viejo convento en un bosque de árboles colosales. Las pasajeras, alumbradas a penas por un farol del patio, permanecieron inmóviles hasta que la mujer de aspecto militar las hizo descender con un sistema de órdenes primarias, como en un parvulario. Todas eran mayores, y se movían con tal parsimonia que parecían imágenes de un sueño. María, la última en descender, pensó que eran monjas. Lo pensó menos cuando vio a varias mujeres de uniforme que las recibieron a la puerta del autobús, y que les cubrían la cabeza con las mantas para que no se mojaran, y las ponían en fila india, dirigiéndolas sin hablarles, con palmadas rítmicas y perentorias. Después de despedirse de su vecina de asiento María quiso devolverle la manta, pero ella le dijo que se cubriera la cabeza para atravesar el patio, y la devolviera en portería.
-¿Habrá un teléfono? -le preguntó María.
-Por supuesto -dijo la mujer-. Ahí mismo le indican.
Le pidió a María otro cigarrillo, y ella le dio el resto del paquete mojado. "En el camino se secan", le dijo. La mujer le hizo un adiós con la mano desde el estribo, y casi le gritó "Buena suerte". El autobús arrancó sin darle tiempo de más.
María empezó a correr hacia la entrada del edificio. Una guardiana trató de detenerla con una palmada enérgica, pero tuvo que apelar a un grito imperioso: "¡Alto he dicho!". María miró por debajo de la manta, y vio unos ojos de hielo y un índice inapelable que le indicó la fila. Obedeció. Ya en el zaguán del edificio se separó del grupo y preguntó al portero dónde había un teléfono. Una de las guardianas la hizo volver a la fila con palmaditas en la espalda, mientras le decía con modos dulces:
-Por aquí, guapa, por aquí hay un teléfono.
María siguió con las otras mujeres por un corredor tenebroso, y al final entró en un dormitorio colectivo donde las guardianas recogieron las cobijas y empezaron a repartir las camas. Una mujer distinta, que a María le pareció más humana y de jerarquía más alta, recorrió la fila comparando una lista con los nombres que las recién llegadas tenían escritos en un cartón cosido en el corpiño. Cuando llegó frente a María se sorprendió de que no llevara su identificación.
-Es que yo sólo vine a hablar por teléfono -le dijo María.
Le explicó a toda prisa que su automóvil se había descompuesto en la carretera. El marido, que era mago de fiestas, estaba esperándola en Barcelona para cumplir tres compromisos hasta la media noche, y quería avisarle de que no estaría a tiempo para acompañarlo. Iban a ser las siete. Él debía salir de la casa dentro de diez minutos, y ella temía que cancelara todo por su demora. La guardiana pareció escucharla con atención.
-¿Cómo te llamas? -le preguntó.
María le dijo su nombre con un suspiro de alivio, pero la mujer no lo encontró después de repasar la lista varias veces. Se lo preguntó alarmada a una guardiana, y ésta, sin nada que decir, se encogió de hombros.
-Es que yo sólo vine a hablar por teléfono -dijo María.
-De acuerdo, maja -le dijo la superiora, llevándola hacia su cama con una dulzura demasiado ostensible para ser real-, si te portas bien podrás hablar por teléfono con quien quieras. Pero ahora no, mañana.
Algo sucedió entonces en la mente de María que le hizo entender por qué las mujeres del autobús se movían como en el fondo de un acuario. En realidad estaban apaciguadas con sedantes, y aquel palacio en sombras, con gruesos muros de cantería y escaleras heladas, era en realidad un hospital de enfermas mentales. Asustada, escapó corriendo del dormitorio, y antes de llegar al portón una guardiana gigantesca con un mameluco de mecánico la atrapó de un zarpazo y la inmovilizó en el suelo con una llave maestra. María la miró de través paralizada por el terror.
-Por el amor de Dios -dijo-. Le juro por mi madre muerta que sólo vine a hablar por teléfono.
Le bastó con verle la cara para saber que no había súplica posible ante aquella energúmena de mameluco a quien llamaban Herculina por su fuerza descomunal. Era la encargada de los casos difíciles, y dos reclusas habían muerto estranguladas con su brazo de oso polar adiestrado en el arte de matar por descuido. El primer caso se resolvió como un accidente comprobado. El segundo fue menos claro, y Herculina fue amonestada y advertida de que la próxima vez sería investigada a fondo. La versión corriente era que aquella oveja descarriada de una familia de apellidos grandes tenía una turbia carrera de accidentes dudosos en varios manicomios de España.
Para que María durmiera la primera noche, tuvieron que inyectarle un somnífero. Antes de amanecer, cuando la despertaron las ansias de fumar, estaba amarrada por las muñecas y los tobillos en las barras de la cama. Nadie acudió a sus gritos. Por la mañana, mientras el marido no encontraba en Barcelona ninguna pista de su paradero, tuvieron que llevarla a la enfermería, pues la encontraron sin sentido en un pantano de sus propias miserias.
No supo cuánto tiempo había pasado cuando volvió en sí. Pero entonces el mundo era un remanso de amor, y estaba frente a su cama un anciano monumental, con una andadura de plantígrado y una sonrisa sedante, que con dos pases maestros le devolvió la dicha de vivir. Era el director del sanatorio.
Antes de decirle nada, sin saludarlo siquiera, María le pidió un cigarrillo. Él se lo dio encendido, y le regaló el paquete casi lleno. María no pudo reprimir el llanto.
-Aprovecha ahora para llorar cuanto quieras -le dijo el médico, con voz adormecedora-. No hay mejor remedio que las lágrimas.
María se desahogó sin pudor, como nunca logró hacerlo con sus amantes casuales en los tedios de después del amor. Mientras la oía, el médico la peinaba con los dedos, le arreglaba la almohada para que respirara mejor, la guiaba por el laberinto de su incertidumbre con una sabiduría y una dulzura que ella no había soñado jamás. Era, por primera vez en su vida, el prodigio de ser comprendida por un hombre que la escuchaba con toda el alma sin esperar la recompensa de acostarse con ella. Al cabo de una hora larga, desahogada a fondo, le pidió autorización para hablarle por teléfono a su marido.
El médico se incorporo con toda la majestad de su rango. "Todavía no, reina", le dijo, dándole en la mejilla la palmadita más tierna que había sentido nunca. "Todo se hará a su tiempo". Le hizo desde la puerta una bendición episcopal, y desapareció para siempre.
-Confía en mí -le dijo.
Esa misma tarde María fue inscrita en el asilo con un número de serie, y con un comentario superficial sobre el enigma de su procedencia y las dudas sobre su identidad. Al margen quedó una calificación escrita de puño y letra del director: agitada.
Tal como María lo había previsto, el marido salió de su modesto apartamento del barrio de Horta con media hora de retraso para cumplir los tres compromisos. Era la primera vez que ella no llegaba a tiempo en casi dos años de una unión libre bien concertada, y él entendió el retraso por la ferocidad de las lluvias que asolaron la provincia aquel fin de semana. Antes de salir dejó un mensaje clavado en la puerta con el itinerario de la noche.
En la primera fiesta, con todos los niños disfrazados de canguro, prescindió del truco estelar de los peces invisibles porque no podía hacerlo sin la ayuda de ella. El segundo compromiso era en casa de una anciana de noventa y tres años, en silla de ruedas, que se preciaba de haber celebrado cada uno de sus últimos treinta cumpleaños con un mago distinto. Él estaba tan contrariado con la demora de María, que no pudo concentrarse en las suertes más simples. El tercer compromiso era el de todas las noches en un café concierto de las Ramblas, donde actuó sin inspiración para un grupo de turistas franceses que no pudieron creer lo que veían porque se negaban a creer en la magia. Después de cada representación llamó por teléfono a su casa, y esperó sin ilusiones a que María le contestara. En la última ya no pudo reprimir la inquietud de que algo malo había ocurrido.
De regreso a casa en la camioneta adaptada para las funciones públicas vio el esplendor de la primavera en las palmeras del Paseo de Gracia, y lo estremeció el pensamiento aciago de cómo podía ser la ciudad sin María. La última esperanza se desvaneció cuando encontró su recado todavía prendido en la puerta. Estaba tan contrariado, que se le olvidó darle la comida al gato.
Sólo ahora que lo escribo caigo en la cuenta de que nunca supe cómo se llamaba en realidad, porque en Barcelona sólo lo conocíamos con su nombre profesional: Saturno el Mago. Era un hombre de carácter raro y con una torpeza social irremediable, pero el tacto y la gracia que le hacían falta le sobraban a María. Era ella quien lo llevaba de la mano en esta comunidad de grandes misterios, donde a nadie se le hubiera ocurrido llamar a nadie por teléfono después de la media noche para preguntar por su mujer. Saturno lo había hecho de recién venido y no quería recordarlo. Así que esa noche se conformó con llamar a Zaragoza, donde una abuela medio dormida le contestó sin alarma que María había partido después del almuerzo. No durmió más de una hora al amanecer. Tuvo un sueño cenagoso en el cual vio a María con un vestido de novia en piltrafas y salpicado de sangre, y despertó con la certidumbre pavorosa de que había vuelto a dejarlo solo, y ahora para siempre, en el vasto mundo sin ella.
Lo había hecho tres veces con tres hombres distintos, incluso él, en los últimos cinco años. Lo había abandonado en Ciudad de México a los seis meses de conocerse, cuando agonizaban de felicidad con un amor demente en un cuarto de servicio de la colonia Anzures. Una mañana María no amaneció en la casa después de una noche de abusos inconfesables. Dejó todo lo que era suyo, hasta el anillo de su matrimonio anterior, y una carta en la cual decía que no era capaz de sobrevivir al tormento de aquel amor desatinado. Saturno pensó que había vuelto con su primer esposo, un condiscípulo de la escuela secundaria con quien se casó a escondidas siendo menor de edad, y al cual abandonó por otro al cabo de dos años sin amor. Pero no: había vuelto a casa de sus padres, y allí fue Saturno a buscarla a cualquier precio. Le rogó sin condiciones, le prometió mucho más de lo que estaba resuelto a cumplir, pero tropezó con una determinación invencible. "Hay amores cortos y hay amores largos", le dijo ella. Y concluyó sin misericordia: "Este fue corto". Él se rindió ante su rigor. Sin embargo, una madrugada de Todos los Santos, al volver a su cuarto de huérfano después de casi un año de olvido, la encontró dormida en el sofá de la sala con la corona de azahares y la larga cola de espuma de las novias vírgenes.
María le contó la verdad. El nuevo novio, viudo, sin hijos, con la vida resuelta y la disposición de casarse para siempre por la iglesia católica, la había dejado vestida y esperando en el altar. Sus padres decidieron hacer la fiesta de todos modos. Ella siguió el juego. Bailó, cantó con los mariachis, se pasó de tragos, y en un terrible estado de remordimientos tardíos se fue a la media noche a buscar a Saturno.
No estaba en casa, pero encontró las llaves en la maceta de flores del corredor, donde las escondieron siempre. Esta vez fue ella quien se le rindió sin condiciones. "¿Y ahora hasta cuando?", le preguntó él. Ella le contestó con un verso de Vinicius de Moraes: "El amor es eterno mientras dura". Dos años después, seguía siendo eterno.
María pareció madurar. Renunció a sus sueños de actriz y se consagró a él, tanto en el oficio como en la cama. A finales del año anterior habían asistido a un congreso de magos en Perpignan, y de regreso conocieron a Barcelona. Les gustó tanto que llevaban ocho meses aquí, y les iba tan bien, que habían comprado un apartamento en el muy catalán barrio de Horta, ruidoso y sin portero, pero con espacio de sobra para cinco hijos. Había sido la felicidad posible, hasta el fin de semana en que ella alquiló un automóvil y se fue a visitar a sus parientes de Zaragoza con la promesa de volver a las siete de la noche del lunes. Al amanecer del jueves, todavía no había dado señales de vida.
El lunes de la semana siguiente la compañía de seguros del automóvil alquilado llamó por teléfono a casa para preguntar por María. "No sé nada", dijo Saturno. "Búsquenla en Zaragoza". Colgó. Una semana después un policía civil fue a su casa con la noticia de que habían hallado el automóvil en los puros huesos, en un atajo cerca de Cádiz, a novecientos kilómetros del lugar donde María lo abandonó. El agente quería saber si ella tenía más detalles del robo. Saturno estaba dándole de comer al gato, y apenas si lo miró para decirle sin más vueltas que no perdieran el tiempo, pues su mujer se había fugado de la casa y él no sabía con quién ni para dónde. Era tal su convicción, que el agente se sintió incómodo y le pidió perdón por sus preguntas. El caso se declaró cerrado.
El recelo de que María pudiera irse otra vez había asaltado a Saturno por Pascua Florida en Cadaqués, adonde Rosa Regás los habían invitado a navegar a vela. Estábamos en el Marítim, el populoso y sórdido bar de la gauche divine en el crepúsculo del franquismo, alrededor de una de aquellas mesas de hierro con sillas de hierro donde sólo cabíamos seis a duras penas y nos sentábamos veinte. Después de agotar la segunda cajetilla de cigarrillos de la jornada, María se encontró sin fósforos. Un brazo escuálido de vellos viriles con una esclava de bronce romano se abrió paso entre el tumulto de la mesa, y le dio fuego. Ella lo agradeció sin mirar a quién, pero Saturno el Mago lo vio. Era un adolescente óseo y lampiño, de una palidez de muerto y una cola de caballo muy negra que le daba a la cintura. Los cristales del bar soportaban apenas la furia de la tramontana de primavera, pero él iba vestido con una especie de piyama callejero de algodón crudo, y unas albarcas de labrador.
No volvieron a verlo hasta fines del otoño, en un hostal de mariscos de La Barceloneta, con el mismo conjunto de zaraza ordinaria y una larga trenza en vez de la cola de caballo. Los saludó a ambos como a viejos amigos, y por el modo como besó a María, y por el modo como ella le correspondió, a Saturno lo fulminó la sospecha de que habían estado viéndose a escondidas. Días después encontró por casualidad un nombre nuevo y un número de teléfono escritos por María en el directorio doméstico, y la inclemente lucidez de los celos le reveló de quién era. El prontuario social del intruso acabó de rematarlo: veintidós años, hijo único de ricos, decorador de vitrinas de moda, con una fama fácil de bisexual y un prestigio bien fundado como consolador de alquiler de señoras casadas. Pero logró sobreponerse hasta la noche en que María no volvió a casa. Entonces empezó a llamarlo por teléfono todos los días, primero cada dos o tres horas, desde las seis de la mañana hasta la madrugada siguiente, y después cada vez que encontraba un teléfono a la mano. El hecho de que nadie contestara aumentaba su martirio.
Al cuarto día le contestó una andaluza que sólo iba a hacer la limpieza. "El señorito se ha ido", le dijo, con suficiente vaguedad para enloquecerlo. Saturno no resistió la tentación de preguntarle si por casualidad no estaba ahí la señorita María.
-Aquí no vive ninguna María -le dijo la mujer-. El señorito es soltero.
-Ya lo sé -le dijo él -. No vive, pero a veces va. ¿O no?
La mujer se encabritó.
-¿Pero quién coño habla ahí?
Saturno colgó. La negativa de la mujer le pareció una confirmación más de lo que ya no era para él una sospecha sino una certidumbre ardiente. Perdió el control. En los días siguientes llamó por orden alfabético a todos los conocidos de Barcelona. Nadie le dio razón, pero cada llamada le agravó la desdicha, porque sus delirios de celos eran ya célebres entre los trasnochadores impenitentes de la gauche divine, y le contestaban con cualquier broma que lo hiciera sufrir. Sólo entonces comprendió hasta qué punto estaba solo en aquella ciudad hermosa, lunática e impenetrable, en la que nunca sería feliz. Por la madrugada, después de darle de comer al gato, se apretó el corazón para no morir, y tomó la determinación de olvidar a María.
A los dos meses, María no se había adaptado aún a la vida del sanatorio. Sobrevivía picoteando apenas la pitanza de cárcel con los cubiertos encadenados al mesón de madera bruta, y la vista fija en la litografía del general Francisco Franco que presidía el lúgubre comedor medieval. Al principio se resistía a las horas canónicas con su rutina bobalicona de maitines, laudes, vísperas, y otros oficios de iglesia que ocupaban la mayor parte del tiempo. Se negaba a jugar a la pelota en el patio de recreo, y a trabajar en el taller de flores artificiales que un grupo de reclusas atendía con una diligencia frenética. Pero a partir de la tercera semana fue incorporándose poco a poco a la vida del claustro. A fin de cuentas, decían los médicos, así empezaban todas, y tarde o temprano terminaban por integrarse a la comunidad.
La falta de cigarrillos, resuelta en los primeros días por una guardiana que se los vendía a precio de oro, volvió a atormentarla cuando se le agotó el poco dinero que llevaba. Se consoló después con los cigarrillos de papel periódico que algunas reclusas fabricaban con las colillas recogidas de la basura, pues la obsesión de fumar había llegado a ser tan intensa como la del teléfono. Las pesetas exiguas que se ganó más tarde fabricando flores artificiales le permitieron un alivio efímero.
Lo más duro era la soledad de las noches. Muchas reclusas permanecían despiertas en la penumbra, como ella, pero sin atreverse a nada, pues la guardiana nocturna velaba también el portón cerrado con cadena y candado. Una noche, sin embargo, abrumada por la pesadumbre, María preguntó con voz suficiente para que le oyera su vecina de cama:
-¿Dónde estamos?
La voz grave y lúcida de la vecina le contestó:
-En los profundos infiernos.
-Dicen que esta es tierra de moros -dijo otra voz distante que resonó en el ámbito del dormitorio-. Y debe ser cierto, porque en verano, cuando hay luna, se oye a los perros ladrándole a la mar.
Se oyó la cadena en las argollas como un ancla de galeón, y la puerta se abrió. La cancerbera, el único ser que parecía vivo en el silencio instantáneo, empezó a pasearse de un extremo al otro del dormitorio. María se sobrecogió, y sólo ella sabía por qué.
Desde su primera semana en el sanatorio, la vigilante nocturna le había propuesto sin rodeos que durmiera con ella en el cuarto de guardia. Empezó con un tono de negocio concreto: trueque de amor por cigarrillos, por chocolates, por lo que fuera. "Tendrás todo", le decía, trémula. "Serás la reina". Ante el rechazo de María, la guardiana cambió de método. Le dejaba papelitos de amor debajo de la almohada, en los bolsillos de la bata, en los sitios menos pensados. Eran mensajes de un apremio desgarrador capaz de estremecer a las piedras. Hacía más de un mes que parecía resignada a la derrota, la noche en que se promovió el incidente en el dormitorio.
Cuando estuvo convencida de que todas las reclusas dormían, la guardiana se acercó a la cama de María, y murmuró en su oído toda clase de obscenidades tiernas, mientras le besaba la cara, el cuello tenso de terror, los brazos yermos, las piernas exhaustas. Por último, creyendo tal vez que la parálisis de María no era de miedo sino de complacencia, se atrevió a ir más lejos. María le soltó entonces un golpe con el revés de la mano que la mandó contra la cama vecina. La guardiana se incorporó furibunda en medio del escándalo de las reclusas alborotadas.
-Hija de puta -gritó-. Nos pudriremos juntas en este chiquero hasta que te vuelvas loca por mí.
El verano llegó sin anunciarse el primer domingo de junio, y hubo que tomar medidas de emergencia, porque las reclusas sofocadas empezaban a quitarse durante la misa los balandranes de estameña. María asistió divertida al espectáculo de las enfermas en pelota que las guardianas correteaban por las naves como gallinas ciegas. En medio de la confusión, trató de protegerse de los golpes perdidos, y sin saber cómo se encontró sola en una oficina abandonada y con un teléfono que repicaba sin cesar con un timbre de súplica. María contestó sin pensarlo, y oyó una voz lejana y sonriente que se entretenía imitando el servicio telefónico de la hora:
-Son las cuarenta y cinco horas, noventa y dos minutos y ciento siete segundos
-¡Maricón! -dijo María.
Colgó divertida. Ya se iba, cuando cayó en la cuenta de que estaba dejando escapar una ocasión irrepetible. Entonces marcó seis cifras, con tanta tensión y tanta prisa, que no estuvo segura de que fuese el número de su casa. Esperó con el corazón desbocado, oyó el timbre, una vez, dos veces, tres veces, y oyó por fin la voz del hombre de su vida en la casa sin ella.
-¿Bueno?
Tuvo que esperar a que se le pasara la pelota de lágrimas que se le formó en la garganta.
-Conejo, vida mía -suspiró.
Las lágrimas la vencieron. Al otro lado de la línea hubo un breve silencio de espanto, y una voz enardecida por los celos escupió la palabra:
-¡Puta! Y colgó en seco.
Esa noche, en un ataque frenético, María descolgó en el refectorio la litografía del generalísimo, la arrojó con todas sus fuerzas contra el vitral del jardín, y se derrumbó bañada en sangre. Aún le sobró rabia para enfrentarse a golpes con los guardianes que trataban de someterla, sin lograrlo, hasta que vio a Herculina plantada en el vano de la puerta, con los brazos cruzados mirándola. Se rindió. No obstante, la arrastraron hasta el pabellón de las locas furiosas, la aniquilaron con una manguera de agua helada, y le inyectaron trementina en las piernas. Impedida para caminar por la inflamación provocada, María se dio cuenta de que no había nada en el mundo que no fuera capaz de hacer por escapar de aquel infierno. La semana siguiente, ya de regreso al dormitorio común, se levantó de puntillas y tocó en la celda de la guardiana nocturna.
El precio de María, exigido por ella de antemano, fue llevarle un mensaje a su marido. La guardiana aceptó, siempre que el trato se mantuviera en secreto absoluto. Y la apuntó con un índice inexorable.
-Si alguna vez se sabe, te mueres.
Así que Saturno el Mago fue al sanatorio de locas el sábado siguiente, con la camioneta de circo preparada para celebrar el regreso de María. El director en persona lo recibió en su oficina, tan limpia y ordenada como un barco de guerra, y le hizo un informe afectuoso sobre el estado de su esposa. Nadie sabía de dónde llegó, ni cómo ni cuándo, pues el primer dato de su ingreso era en el registro oficial dictado por él cuando la entrevistó. Una investigación iniciada ese mismo día no había concluido nada. En todo caso, lo que más intrigaba al director era cómo supo Saturno el paradero de su esposa. Saturno protegió a la guardiana.
-Me lo informó la compañía de seguros del coche -dijo.
El director asintió complacido. "No sé cómo hacen los seguros para saberlo todo", dijo. Le dio una ojeada al expediente que tenía sobre su escritorio de asceta, y concluyó:
-Lo único cierto es la gravedad de su estado.
Estaba dispuesto a autorizarle una visita con las precauciones debidas si Saturno el Mago le prometía, por el bien de su esposa, ceñirse a la conducta que él le indicaba. Sobre todo en la manera de tratarla, para evitar que recayera en uno de sus arrebatos de furia cada vez más frecuentes y peligrosos.
-Es raro -dijo Saturno-. Siempre fue de genio fuerte, pero de mucho dominio.
El medico hizo un ademán de sabio. "Hay conductas que permanecen latentes durante muchos años, y un día estallan", dijo. "Con todo, es una suerte que haya caído por aquí, porque somos especialistas en casos que requieren mano dura". Al final hizo una advertencia sobre la rara obsesión de María por el teléfono.
-Sígale la corriente -dijo.
-Tranquilo, doctor -dijo Saturno con un aire alegre-. Es mi especialidad.
La sala de visitas, mezcla de cárcel y confesionario, era un antiguo locutorio del convento. La entrada de Saturno no fue la explosión de júbilo que ambos hubieran podido esperar. María estaba de pie en el centro del salón, junto a una mesita con dos sillas y un florero sin flores. Era evidente que estaba lista para irse, con su lamentable abrigo color fresa y unos zapatos sórdidos que le habían dado de caridad. En un rincón, casi invisible, estaba Herculina con los brazos cruzados. María no se movió al ver entrar al esposo ni asomó emoción alguna en la cara todavía salpicada por los estragos del vitral. Se dieron un beso de rutina.
-¿Cómo te sientes? -le preguntó él.
-Feliz de que al fin hayas venido, conejo -dijo ella-. Esto ha sido la muerte.
No tuvieron tiempo de sentarse. Ahogándose en lágrimas, María le contó las miserias del claustro, la barbarie de las guardianas, la comida de perros, las noches interminables sin cerrar los ojos por el terror.
-Ya no sé cuántos días llevo aquí, o meses o años, pero sé que cada uno ha sido peor que el otro -dijo, y suspiró con el alma-: Creo que nunca volveré a ser la misma.
-Ahora todo eso pasó -dijo él, acariciándole con la yema de los dedos las cicatrices recientes de la cara-. Yo seguiré viniendo todos los sábados. Y más si el director me lo permite. Ya verás que todo va a salir muy bien.
Ella fijó en los ojos de él sus ojos aterrados. Saturno intentó sus artes de salón. Le contó, en el tono pueril de las grandes mentiras, una versión dulcificada de los propósitos del médico. "En síntesis", concluyó, "aún te faltan algunos días para estar recuperada por completo". María entendió la verdad.
-¡Por Dios, conejo! -dijo atónita-. ¡No me digas que tú también crees que estoy loca!
-¡Cómo se te ocurre! -dijo él, tratando de reír-. Lo que pasa es que será mucho más conveniente para todos que sigas un tiempo aquí. En mejores condiciones, por supuesto.
-¡Pero si ya te dije que sólo vine a hablar por teléfono! -dijo María.
Él no supo cómo reaccionar ante la obsesión temible. Miró a Herculina. Ésta aprovechó la mirada para indicarle en su reloj de pulso que era tiempo de terminar la visita. María interceptó la señal, miró hacia atrás, y vio a Herculina en la tensión del asalto inminente. Entonces se aferró al cuello de su marido gritando como una verdadera loca. Él se la quitó de encima con tanto amor como pudo, y la dejó a merced de Herculina, que le saltó por la espalda. Sin darle tiempo para reaccionar le aplicó una llave con la mano izquierda, le pasó el otro brazo de hierro alrededor del cuello, y le gritó a Saturno el Mago:
-¡Váyase!
Saturno huyo despavorido.
Sin embargo, el sábado siguiente, ya repuesto del espanto de la visita, volvió al sanatorio con el gato vestido igual que él: la malla roja y amarilla del gran leotardo, el sombrero de copa y una capa de vuelta y media que parecía para volar. Entró en la camioneta de feria hasta el patio del claustro, y allí hizo una función prodigiosa de casi tres horas que las reclusas gozaron desde los balcones, con gritos discordantes y ovaciones inoportunas. Estaban todas, menos María, que no sólo se negó a recibir a su marido, sino inclusive a verlo desde los balcones. Saturno se sintió herido de muerte.
-Es una reacción típica -lo consoló el director-. Ya pasará.
Pero no pasó nunca. Después de intentar muchas veces ver de nuevo a María, Saturno hizo lo imposible para que recibiera una carta, pero fue inútil. Cuatro veces la devolvió cerrada y sin comentarios. Saturno desistió, pero siguió dejando en la portería del hospital las raciones de cigarrillos, sin saber siquiera si llegaban a María, hasta que lo venció la realidad.
Nunca más se supo de él, salvo que volvió a casarse y regresó a su país. Antes de irse de Barcelona le dejó el gato medio muerto de hambre a una noviecita casual, que además se comprometió a seguir llevándole los cigarrillos a María. Pero también ella desapareció. Rosa Regás recordaba haberla visto en el Corte Inglés, hace unos doce años, con la cabeza rapada y el balandrán anaranjado de alguna secta oriental, y en cinta a más no poder. Ella le contó que había seguido llevándole los cigarrillos a María, siempre que pudo, hasta un día en que sólo encontró los escombros del hospital, demolido como un mal recuerdo de aquellos tiempos ingratos. María le pareció muy lúcida la última vez que la vio, un poco pasada de peso y contenta con la paz del claustro. Ese día le llevó el gato, porque ya se le había acabado el dinero que Saturno le dejó para darle de comer.

Fuente: http://www.ciudadseva.com/textos/cuentos/esp/ggm/solo_vine_a_hablar_por_telefono.htm
Visitar cortometraje: http://www.youtube.com/watch?v=STlIA0wETjA